Los retos son desconocidos para los participantes, por lo que la incertidumbre del resultado es alta y nadie es experto.
Cuando se aprende a través de vivencias, el nivel de retención es de un 75 %.
Trabajando en un ambiente poco familiar se resaltan aspectos del comportamiento que pasan inadvertidos en el lugar de trabajo.
Los retos requieren la atención de los participantes, por lo que el recuerdo es perdurable y es utilizado en experiencias análogas para asociar esa experiencia y el aprendizaje consecuente.
La variedad de retos, junto a la atmósfera informal y relajada, generan una experiencia de aprendizaje agradable y divertida.
El nivel de implicación y entusiasmo que se genera en los participantes es muy alto, lo que conlleva algo más que: cambios en el comportamiento, aprendizajes, solución de problemas, cambios en la organización y cambios de cultura.
Diferentes estudios prueban que los participantes llegan a sus puestos de trabajo “tocados” por la actividad, es decir, se produce un traslado de lo aprendido durante el programa al lugar de trabajo.